Marta Rodriguez_Fernando Restrepo

Marta Rodriguez_Fernando Restrepo

Habiendo llegado dos años después del éxodo (1997), iniciamos un trabajo de recuperación de la memoria por medio de testimonios, con participación activa de la comunidad del Cacarica, que exigía que el país conociera su tragedia, sus hermanos asesinados, sus sufrimientos y el éxodo obligado.

Durante la recuperación de la historia ocurrió algo extraordinario que iba a darle la estructura narrativa al documental: llegaron los cantadores y cantadoras propias de las culturas negras; ellos serían los verdaderos cronistas de la guerra, de la historia no escrita con sus cantos, recordando todo cuanto les ocurrió durante el desplazamiento, haciéndole frente a la soledad del exilio en su propia patria.

De esta forma se fue construyendo el documental. Una mujer compositora, llamada Deyanira, es quien escribe el himno que los representa: Óyeme Choco, oye por favor/Algún día llegara la redención/Ya vamos llegando, me estoy acercando/El dolor de nuestras tierras por eso estamos luchando/Óyeme Choco, oye por favor/Tu no tienes porque estar sufriendo así. Juliana la cantadora nos cuenta como bajo huyendo por el río Atrato: descalzita yo bajaba/por las aguas del río Atrato/con mis hijitos lloraba, ay, sin ropa y sin zapatos. Un Chilapo de Córdoba, Ramiro Osorio: Unos se fueron a turbo otros pa´ panamá/De panamá nos trajeron a la región de Cupica/y hay mucho sufrimiento, eso si me mortifica.

Los niños recuperan la memoria dibujando como los bombardeos destruyeron sus escuelas, y sus sueños de retornar y tener una aldea donde puedan vivir en Paz.

Por medio de la recuperación de la memoria, la intensión de este documental es llevar a todo el mundo, las imágenes y los testimonios de las comunidades del Urabá Antioqueño y Chocoano, que fueron víctimas de los actores armados que actúan en Colombia; guerrilla, paramilitares y ejercito.

Lo que llevo a que fueran expulsados violentamente de sus tierras en el año de 1997, y hacinados en el coliseo de Turbo (Uraba–Antioquía), durante tres años. ¿Qué les permitió sobrevivir y organizarse para retornar a sus tierras? La fuerza de sus culturas Afrocolombianas. Se inicia un proceso de resistencia a muchos niveles organizados en Patriarcas y Matriarcas, según sus ancestros; y con un proyecto de vida que es su identidad. Los jóvenes los expresan danzando con cintas de los siguientes colores: El Amarillo, es la verdad, que exigen para saber quien fue le culpable de su desplazamiento; azul: la justicia para que los culpables no queden en la impunidad, además significa el azul de los cielos, ríos y el mar. El verde: la solidaridad, es el color de los sueños y el retorno.

El café, la fraternidad; el color de la tierra de nuestros ancestros. Y el blanco, la identidad, porque nos identificamos como comunidades de autodeterminación vida y dignidad. Así lograron retornar el año 2000. Hoy están realizando un gran proyecto de resistencia, pues al poco tiempo le llegaron los paramilitares y asesinaron a dos hermanos, y se quedaron cerca de las comunidades creadas durante el retorno Nueva Vida y Esperanza en Dios.

De esta forma se generan nuevas forma de resistencia, al punto que han tenido que crear un cerco de resistencia alrededor de las comunidades y reducir el territorio. Así se organizan los niños, los grupos de mujeres; y esto es lo que esta permitiendo consolidar un proceso para no ser nuevamente expulsados de su territorio.

La lección más valiosa de la realización de este documental fue el aprendizaje de cómo se está generando en Colombia un movimiento de resistencia civil, que nace de las culturas originarias, negros e indígenas, quienes frente a la guerra acudieron a sus formas de organización comunitarias, a su Yo colectivo y con la única convicción que se puede detener a los violentos, no con las armas y con la retaliación sino con la fuerza de sus culturas y la unidad. Este será el único camino que inicie el final de esta guerra de cuarenta años, que solo ha dejado como lo dicen los cantadores del Cacarica: Violencia Brava.

¿Qué papel puede jugar el documental en un país donde cada día se acrecienta una guerra irracional, donde la palabra mata y decir la verdad puede costar el exilio? En donde cada vez no vemos obligados a filmar con equipos más pequeños, hasta volvernos casi invisibles, para poder llegar a las zonas de guerra y filmar cómo Colombia se desangra en una lucha entre hermanos; y los pueblos se vuelven fantasmas al ser abandonados a la fuerza por los campesinos desplazados; y como los grupos étnicos Afrocolombianos e indígenas son asesinados sistemáticamente perpetuándose un etnocidio de quinientos años.

¿Cuál es el papel que debemos asumir los documentalistas en un país en guerra?. Como latinoamericana, como mujer me duele lo que acontece en este país, y me duele más aún que los medios ignoren todo lo que aquí realmente sucede, porque están al servicio de alguien que es más importante que Colombia. Esta es la causa por la cual hago cine; Por mi compromiso con la verdadera realidad de Colombia. Si el documental es memoria, espero, ya que la vida es efímera, que la memoria siga viva a través de las personas y comunidades con las cuales he vivido compartido y enseñado el documental.

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